La unidad de la iglesia
La pandemia de Covid-19, que ha dejado a su paso más de 20 millones de personas contagiadas, y cerca de 750 mil personas fallecidas a nivel mundial, no logró evitar que en el presente mes se realizara la Santa Convocación, la máxima celebración religiosa de la Iglesia La Luz del Mundo.
En ediciones anteriores, esta festividad reunía en diversas sedes y subsedes de la ciudad de Guadalajara a poco más de 500 mil personas, esto de acuerdo con publicaciones periodísticas generadas en el transcurso de un evento que, en circunstancias normales, se lleva a cabo del 7 al 15 de agosto de cada año.
El pasado domingo 9 de agosto se dio bienvenida a la celebración a la totalidad de los fieles de la Iglesia, que en su gran mayoría están participando desde la privacidad de sus casas, utilizando las plataformas digitales a través de las cuales se transmiten las actividades del evento: canales de la Iglesia en YouTube y Facebook, así como la página oficial de la Institución: http://www.lldm.org. La exposición de temas doctrinales que el Ministerio de Ortodoxia ha preparado para la festividad se transmite también por medio de SoundCloud, la plataforma de audio abierta más grande del mundo: https://m.soundcloud.com/laluzdelmundo/.
El formato actual de la Santa Convocación, donde la tecnología y las conexiones en línea juegan un papel importante para que los fieles de la Iglesia puedan presenciar y oír las oraciones y explicaciones bíblicas que bajo las directrices del Ministerio de Ortodoxia se generan en diversas partes del mundo, deja en claro que esta celebración es mucho más que un espacio geográfico donde convergen cientos de miles de fieles para convivir y departir.
La Santa Convocación 2020 está demostrándole al mundo que la unidad espiritual de los integrantes de la Iglesia es mucho más que cercanía física, convivencia personal, abrazos efusivos y ósculo santo. Hoy, a través de la actividad virtual y de los portales digitales que proporciona la tecnología moderna, la Iglesia de Cristo le dice al mundo que continúa más unida que nunca, aunque en esta ocasión no se haya realizado una concentración multitudinaria como las que se efectuaban en años anteriores.
Debo aclarar, sin embargo, que la unidad a la que me refiero no es resultado de los avances de la ciencia, aunque hoy por hoy el impacto de la tecnología sea de grandes dimensiones y facilite la comunicación de todas las personas que cuentan con teléfonos inteligentes y computadoras que se conectan al internet. La unidad espiritual de la Iglesia data de mucho antes de la invención de la imprenta, de la creación del código morse, del descubrimiento de las ondas de radio y del invento de la televisión. Es anterior por mucho a la computadora, al Internet, a los teléfonos inteligentes, a los grandes buscadores web, a las redes sociales y a las herramientas y aplicaciones digitales.
Esta indestructible unidad, que ha salido indemne de los distintos ataques que ha sufrido la Iglesia en diferentes momentos de su historia, es en Cristo y por Cristo, y es anterior a la creación de las tecnologías digitales. Esa unidad se logró a través de la muerte de Cristo en la cruz, el sacrificio de sublime amor que los miembros de la Iglesia conmemorarán en comunión la tarde-noche del próximo 14 de agosto.
Me refiero evidentemente a una unidad fuerte e invulnerable, que es sinónimo de felicidad, tal como dijo en su mensaje de bienvenida el apóstol Naasón Joaquín García, el pasado domingo 9 de agosto: “¡Qué felicidad más grande y hermosa será estar en unión con Él, qué dicha tan grande tendrá vuestra alma, qué feliz me sentiré cuando pueda decirle: estas son las almas esforzadas y sinceras, bendícelas, Señor!”.
Ese día esperado de felicidad se vivirá en la Santa Cena, en la que cientos de miles de hombres y mujeres de distinta nacionalidad, lengua, color de piel y pertenencia étnica, disfrutarán del perdón divino que en favor de ellos traerá la oración de misericordia, esperada por los redimidos de Cristo en más de 60 países de los cinco continentes.




