Los sabios de la tercera edad

Los fieles de la Iglesia La Luz del Mundo escucharon este domingo 19 de abril las palabras que el apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García les envió por conducto del pastor evangelista Orestes Sánchez López.

Gracias al Internet, la red informática descentralizada de alcance global, que tiene la virtud de acortar las distancias, el mensaje apostólico llegó a cientos de miles de hogares, en los que se cumplen de manera puntual las medidas de protección contra el nuevo coronavirus, una enfermedad que ha segado miles de vidas, particularmente de hombres y mujeres de la tercera edad. 

El tema del pasado domingo fue justamente sobre los ancianos de La Luz del Mundo, a los que el presidente internacional de esta asociación religiosa calificó como sabios de la tercera edad. Fue a ellos a quienes encargó la orientación de los jóvenes, un trabajo que ayudará a los fieles de edad avanzada a sentirse útiles en medio de una sociedad que suele despreciar a las personas en cuanto aparentemente su productividad empieza a disminuir. 

“Tu edad será respetada, tus consejos serán provechosos, tus canas honorables, y tu memoria se conservará en bendición”, dijo a los ancianos a través de su mensaje el apóstol de Jesucristo.  

En el contexto de la pandemia de COVID-19, los expertos en el tema de esta enfermedad aseguran que los ancianos pertenecen al demográfico más vulnerable y susceptible de padecer de peor manera el coronavirus, por ello el cuidado a los mayores se ha convertido, antes de un posible contagio, en una prioridad para los gobiernos del mundo.

Sobre el criterio para asignar ventiladores a pacientes con dificultad respiratoria grave, Hugo López-Gatell explicó el pasado 13 de abril: “Cuando sólo tenemos un ventilador y hay dos pacientes; un paciente A de 80 años y un paciente B de 20 años. Supongamos que si paciente A recibe el ventilador, vivirá 7 años más y si paciente B recibe el ventilador, vivirá 65 años más” (El Universal, 13/02/2020). 

Para Rosa Kornfeld-Matte, el criterio para asignar ventiladores es discriminatorio por la edad de las personas de la tercera edad. Por ello, la experta independiente de la ONU propone que los protocolos de prueba se basen “en las necesidades de salud y el conocimiento científico, y deben descalificar los criterios que no sean médicos, como la edad o la discapacidad”. 

Desde antes del brote del nuevo coronavirus, los ancianos han sido víctimas de abandono y, a veces, de maltrato verbal y físico por parte de sus seres queridos. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), este maltrato “puede adoptar diversas formas, como el maltrato físico, psíquico, emocional o sexual, y el abuso de confianza en cuestiones económicas. También puede ser el resultado de la negligencia, sea esta intencional o no”.

Existe también el cuidado inadecuado, el abuso psicológico y la explotación económica mediante estafas, ventas engañosas de las propiedades de los ancianos, manipulación de documentos, etcétera. En agravio de los hombres y mujeres de la tercera edad se producen también medidas de control que atropellan la dignidad humana de los ancianos, tales como el confinamiento y otras medidas lamentables de restricción. 

En la Iglesia La Luz del Mundo el apóstol de Jesucristo ha tratado de erradicar este tipo de prácticas ventajosas, enseñando a los fieles de la Iglesia a orar y cuidar de los ancianos, a ser prestos en solicitar asistencia médica cuando éstos la necesitan, a mantener comunicación y a ser comprensivos con todos ellos. 

Este ejemplo es digno de ser imitado, a fin de que las personas de todos los estratos o grupos sociales aprendan a relacionarse con los mayores de edad de la forma más humana y amorosa posible, teniendo presente que la ruta que los llevó a ellos a la vejez, es la misma que nos llevará a nosotros al mismo puerto. 

Sólo es cuestión de recordar la máxima bíblica que dice: “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Se trata evidentemente de la ley de la siembra y la cosecha, de acuerdo con la cual, si damos cuidado, atención y amor a nuestros ancianos, eso recibiremos también en nuestra edad senil. Si damos un trato inhumano a cualquiera de ellos, no podemos aspirar a cosas buenas en nuestra ancianidad. 

El deber moral de los hijos y nietos es cuidar de los ancianos en todo tiempo y circunstancia, y contribuir con nuestro tiempo, comprensión y atenciones a que ninguno de ellos caiga en depresión por su edad, o por ese sentimiento de inutilidad, o por estar pensando que se han convertido en un estorbo o carga para la familia. 

Hagámosles sentir que no son nada de eso, sino poseedores del conocimiento y la sabiduría, tal como lo ha expresado el apóstol Naasón Joaquín, quien valora en su justa dimensión los años, la sabiduría y la experiencia de los adultos mayores.



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