Maduro y Noriega. Cuando la historia parece repetirse.

Sociedad y derecho.

El tres de enero de 2026 quedará marcado como una de las fechas más inesperadas en la historia política reciente de América Latina: el presidente venezolano Nicolás Maduro fue capturado por fuerzas especiales de Estados Unidos en Caracas y trasladado a Nueva York para enfrentar cargos federales, incluidos narcotráfico y narcoterrorismo. La operación militar y de inteligencia ejecutada por Washington fue tan sorprendente como polémica, desatando críticas diplomáticas y debates sobre soberanía e internacionalismo jurídico.

La escena histórica remite inevitablemente a otro episodio que marcó la relación entre Estados Unidos y la región: la captura del general Manuel Antonio Noriega, dictador de facto de Panamá, durante la invasión estadounidense de 1989 conocida como Operación Just Cause. Noriega, acusado por tribunales estadounidenses de tráfico de drogas y crimen organizado, fue depuesto y extraditado a EE. UU., donde fue juzgado y condenado tras ser sometido por tropas militares americanas.

Ambos casos, separados por más de tres décadas, comparten similitudes significativas. En primer lugar, en los dos casos Washington tomó acciones directas contra gobernantes latinoamericanos señalados por graves delitos transnacionales —especialmente narcotráfico— atribuyéndoles responsabilidad por el flujo de drogas y su impacto en la seguridad estadounidense. Noriega fue objeto de múltiples acusaciones de narcotráfico desde mediados de la década de 1980, y aunque también fue colaborador de la CIA en otros tiempos, su relación con el crimen organizado deterioró rápidamente su relación con Washington.

En el caso de Maduro, Estados Unidos había emitido desde años atrás acusaciones federales que lo vinculaban con redes de narcotráfico, imponiendo incluso una recompensa multimillonaria por su captura. La administración estadounidense justificó la operación como un acto de "cumplimiento de la ley", generando cuestionamientos sobre su legalidad bajo el derecho internacional. 

Otra similitud es el uso de la fuerza militar y de operaciones especiales para llevar a cabo las capturas. En Panamá, más de veinticinco mil efectivos estadounidenses desembarcaron en diciembre de 1989 para depurar las Fuerzas de Defensa panameñas y asegurar la rendición de Noriega, quien finalmente se refugió en la nunciatura de la Santa Sede antes de rendirse el tres de enero de 1990.

Es otra de las similitudes, la fecha, ambas un tres de enero.

En Venezuela, comandos de élite irrumpieron en territorio venezolano en una operación sigilosa para detener a Maduro y su esposa, lo cual ha sido comparado por analistas con aquel precedente.

No obstante, existen diferencias sustanciales. Panamá era un país pequeño con tensiones preexistentes con Washington y una larga historia de intervención estadounidense, incluyendo presencia militar desde la construcción del Canal. Venezuela, en cambio, es un Estado más grande, con un aparato militar significativo y relaciones estratégicas complejas con potencias globales.

Finalmente, la reacción internacional ha sido más vigorosa en el caso venezolano, con gobiernos de América Latina y otras regiones calificando la intervención como una violación de la soberanía nacional y del derecho internacional, mientras que la invasión a Panamá, aunque controversial, tuvo apoyos más mixtos en su momento.

Más allá de las diferencias, la comparación entre Noriega y Maduro subraya un patrón en la política exterior estadounidense: la disposición a utilizar la fuerza para actuar contra líderes considerados enemigos prioritarios, especialmente cuando se invocan amenazas relacionadas con el crimen transnacional. Como dijo George Santayana, "quienes no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo" y, en este caso, esos ecos del pasado siguen resonando con fuerza en el presente latinoamericano.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas palabras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad ¡Hasta la próxima!



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