Movilidad

El año pasado se registraron cerca de seis mil accidentes de tránsito en Tijuana.  La población de esta ciudad crece y por tanto el número de vehículos que circulan por sus ya insuficientes calles y avenidas.  

El consumo de alcohol, distractores como el teléfono celular y la falta de educación vial son factores preponderantes en una gran cantidad de percances; esa es responsabilidad de los conductores.  Pero ¿cuántos accidentes más ocurren por falta de señalización, semáforos, alumbrado público, obras inconclusas, fallas en el pavimento o todas las anteriores?

El costo en vidas perdidas, lesiones y daños materiales es altísimo.

Por lo que hemos visto a través de los años, los gobernantes entienden que terminar una vialidad significa colar el concreto sobre un terreno previamente aplanado y ¡listo! ¡compromiso cumplido!  Basta recorrer rutas como el Blvd. 2000, el libramiento Rosas Magallón o la entrada a Playas de Tijuana, por mencionar solo algunas, para percatarnos de que la constante es entregar obras a medio terminar, lo que representa un peligro permanente para los automovilistas y transeúntes.  Generalmente olvidan la correcta construcción de banquetas, los puentes peatonales, colocar la señalética necesaria en los puntos adecuados y pintar pasos cebra y líneas divisorias entre carriles.  Tal vez no les parezca necesario o deciden echarse a la bolsa unos pesos, pensando que la gente está acostumbrada a circular en esas condiciones y nadie reclamará.  Cuando por casualidad y como caso excepcional lo hacen correctamente, los que llegan después omiten el mantenimiento.  Ese parece ser el estilo local del desarrollo urbano.  Las comparaciones siempre son odiosas, pero aquí en la frontera la facilidad con que podemos constatar las diferencias nos ubica inevitablemente en nuestra triste realidad.

Recientemente actualizaron el término ‘tránsito’ para usar el de ‘movilidad’, que resulta más amplio y pomposo, pero la seriedad con que los encargados de la infraestructura y el tránsito vehicular han asumido su papel parece no mejorar.

Se entiende que la correcta construcción de vialidades requiere de planeación, ingeniería y recursos, además de una proyección a futuro, características que pueden parecernos indispensables, que se ven comúnmente en ciudades del mundo desarrollado y en algunas del país, pero escasamente en Baja California.

Paradójicamente, gastan millones de pesos en campañas electorales y en la promoción de funcionarios públicos, pero cuando se van dejan obras mediocres y no invierten un peso en educación vial.  ¿Para qué, si eso no da votos?

La gobernadora Marina del Pilar Ávila nombró al frente del Instituto de Movilidad Sustentable al arquitecto Jorge Gutiérrez Topete, un urbanista local con el conocimiento y la voluntad suficientes para hacer la diferencia, ojalá lo escuchen y lo dejen hacer.




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