Una mujer singular
PERSPECTIVA
El 17 de septiembre de 1925, cuando tenía dieciocho años, ella quería estudiar medicina, iba en un autobús rumbo a la escuela y de pronto, a la lenta velocidad en que un tranvía circula, surgió la colisión, un accidente extraño, casi en cámara lenta, tres muertos, el tranvía trituró un costado del autobús y ella fue atravesada por el pasamanos que le entró por un costado y salió por la vagina. En su trayecto le rompió la columna por tres sitios, también la cabeza del fémur y las costillas, le fracturó tres veces la pelvis, once veces las piernas y le aplastó por completo el pie derecho.
Se la llevaron al hospital viva, en medio de sangre y gritos, cuando le dijeron a su madre, no pudo hablar, se quedó muda y por un mes estuvo conmocionada de tal forma que no pudo ir a verla, el padre llegó a los veinte días. Ella estaba sola en medio de un insoportable sufrimiento. No murió en ese momento, sino veintinueve años después, su vida estuvo colmada de dolor y un constante y lento deterioro.
Durante esos veintinueve años posteriores al accidente creció su enorme voluntad y coraje; en medio de corsés, estiramientos operaciones, colgaduras y torturas inimaginables llevaba una vida aparentemente normal, pero siempre agotada y con dolores físicos que no cesaron nunca. Donde muchos hubieran muerto, ella sobrevivió, “no tengo más remedio que aguantar porque es peor desesperarse” decía.
Luego empezó a frecuentar círculos intelectuales, conoció gente del medio artístico de aquella época y empezó a pintar. Cuando conoció al hombre de su vida, se transformó, él era el pintor más famoso de México, veinte años mayor, un gigante obeso de ojos saltones, casado ya dos veces y amante de todas las mujeres que podía. Hombre controvertido, incoherente políticamente, cruel y terriblemente protagonista, pero ella lo adoraba. Quizás tendría algunas cualidades que surgían cuando estaban juntos, es posible que haya sido por momentos divertido aunque la atormentó emocionalmente y la abandonó en momentos de gran necesidad. A su favor le vale que siempre él dijo que ella era una excelente artista.
Era una mujer muy bella y se decoraba como si fura un cuadro o una escultura, usaba bellísimos trajes y joyas precolombinas, se hacía unas hermosas trenzas llenas de lazos y flores y terciopelos. Vestirse era como hacer una obra de arte y luego se hacía autoretratos. Se construía a sí misma. Tenía que hacerlo, era su lucha contra la decadencia, su cuerpo se deterioraba día a día, el pie se le ulceraba, la espalda se le torcía y se bebía una botella de coñac al día para el dolor además de la morfina.
En agosto de 1953 le amputaron la pierna derecha, sus últimos años son espantosos, treinta y dos operaciones, entre las drogas y el alcohol empieza a perder la conciencia.
En abril de 1953 se inauguró su primera exposición en México, estaba muy mal, era casi imposible que acudiera pero fue con todo y su cama, la que había sido su refugio, su tortura y su casa durante toda su vida. La colocaron con todo y su dosel en medio de la sala de exposiciones y a ella la trasladaron en una ambulancia, la depositaron en la cama y desde allí, acostada sobre el enorme lecho saludó a todos sus amigos. Parecía una ceremonia religiosa, pero era una despedida, con la sonrisa desencajada, llena de joyas y sortijas, repintada y adormilada, en su cama’mundo recibió el homenaje merecido y justo a su arte, pero quizás más, a su enorme valor, imposible de entender para el común de los mortales.
Murió el 13 de julio de 1954, a los cuarenta y siete años. Mi fuente de inspiración cuando mi voluntad flaquea es ella. Frida Kalho Mujer sorprendente, guerrera, cuya recuerdo y ejemplo me hace avergonzarme por quejarme de un simple e intrascendente dolor de cabeza.

