Transparencia salarial y jornada de 40 horas redefinen el mercado laboral mexicano
Especialistas advierten que el reto operativo es significativo

La aprobación de la jornada laboral de 40 horas semanales y la iniciativa para hacer obligatoria la publicación de rangos salariales y prestaciones desde la vacante, como parte de la reforma a la Ley Federal del Trabajo (LFT), configuran uno de los cambios más relevantes en la dinámica laboral mexicana de las últimas décadas.
Ambas medidas impactan directamente la manera en que las empresas reclutan, compensan y retienen talento en un entorno donde más del 65 % de los empleadores en México reporta dificultades para cubrir vacantes, de acuerdo con encuestas de capital humano. Los sectores con mayor presión son Transporte, Logística y Automotriz (más del 70 %), Finanzas y Real Estate (más del 70 %) y Tecnologías de la Información (más del 65 %).
Especialistas advierten que el reto operativo es significativo. Estimaciones recientes indican que apenas el 10 % de las empresas en México cuenta actualmente con estructuras formales de tabuladores salariales, metodologías claras de compensación y criterios documentados que les permitan implementar esquemas de transparencia sin generar distorsiones internas.
La obligación de publicar salarios desde la vacante marca un cambio cultural profundo en un mercado donde históricamente la compensación se manejó con discrecionalidad. Ahora, las organizaciones deberán demostrar coherencia entre lo que ofrecen al mercado y lo que pagan internamente.
La transparencia salarial incide en tres frentes estratégicos:
· Permite una mejor autoselección de candidatos, al conocer el rango salarial desde el inicio.
· Reduce fricciones en la fase final del proceso de contratación.
· Fortalece —o expone— la propuesta de valor de la marca empleadora frente a la competencia.
En un contexto de escasez de talento especializado y creciente movilidad laboral, la claridad en salario y prestaciones puede convertirse en un diferenciador competitivo.
Con la aprobación de la jornada laboral de 40 horas, el análisis de compensación adquiere una nueva dimensión. Si el salario nominal se mantiene, el costo por hora efectiva trabajada aumenta, lo que obligará a las empresas a revisar indicadores de productividad, esquemas de incentivos y estructuras operativas.
La combinación de jornada reducida y transparencia salarial genera un entorno de mayor exigencia en planeación financiera y gestión de talento. Las compañías que no cuenten con tabuladores claros podrían enfrentar fenómenos como compresión salarial interna o presiones para elevar rangos sin sustento en productividad.



